Valentina Tereshkova la primera mujer astronauta.

Valentina nació́ en 1937 en una pequeña localidad al norte de Moscú́. Su padre murió́ en la guerra con Finlandia y ella, su madre y sus dos hermanos, tuvieron que trabajar duro para sobrevivir. De niña soñaba con ser maquinista de trenes y descubrir el mundo.

Cuando tenía 22 años el cielo comenzó́ a llamarla. Vio un anuncio de un club de paracaidismo y decidió́ intentarlo, no sabía que ese sería el comienzo de su nueva vida. La mañana del 12 de abril de 1961 escuchó por la radio que su compatriota Yuri Gagarin se había convertido en el primer hombre en llegar al espacio y que el ejército buscaba cosmonautas entre mujeres paracaidistas. Mandó una solicitud en secreto y fue una de las cinco seleccionadas.

Valentina tuvo que estudiar y entrenar muy duro, igual que sus compañeros. Ir al espacio es tan peligroso para las mujeres como para los hombres. Un mes antes del lanzamiento de la Vostok VI se decidió́ que Tereshkova la pilotaría. Toda la operación se llevó́ en secreto, ni su madre sabía lo que estaba pasando. El gobierno ruso temía que los americanos se adelantasen.

El 16 de junio de 1963, Valentina, de 26 años, partió́ rumbo a las estrellas. Su misión no fue fácil, sufrió́ vómitos y nauseas durante sus 48 órbitas alrededor de la Tierra. Aun así, completó los experimentos que estaban previstos y consiguió́ eyectarse para descender en paracaídas tras 71 horas en el espacio.

A su vuelta fue tratada como una heroína, pero no le permitieron volver al espacio. Pasaron 20 años hasta que otra mujer participó en un vuelo espacial. Valentina nunca ha dejado de soñar con volver, asegura que los que han estado tan cerca de las estrellas dejan un trozo de su alma allí́ arriba.

Estuvo 71 horas en el espacio, del 16 al 19 de junio de 1963, realizando 48 vueltas alrededor de la Tierra en la nave Vostok VI, sin apenas espacio para moverse y con el traje puesto en todo momento.

‘Escuchaba mi corazón latiendo al ritmo de la cuenta atrás: tres, dos, uno… La nave empezó a ascender y mi cuerpo quedó aplastado contra el asiento. Era mi ‘hora de las estrellas’, como llamábamos al lanzamiento. ‘Eh firmamento, quítate el sombrero. Estoy de camino’, grité para que el mundo entero me escuchase’.

Autor: Cristina Pujol.

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